DESPIERTA LA SOCIEDAD CIVIL

Los últimos acontecimientos que en materia de política, acuerdos de gobierno y alertas planetarias en relación al cambio climático y pandemias víricas que están paralizando el entorno internacional, parece que están produciendo un efecto de especial sensibilización de la sociedad civil española.  Es cierto que hace ya tiempo existen en nuestro país asociaciones, fundaciones y grupos de opinión que reflexionan y se manifiestan aunque siempre en una lamentable voz baja.

Quizás tuvo que empezar con la potencia con  que apareció en Cataluña Societat Civil Catalana y su explosión en Barcelona en Octubre de 2017 ante el golpe de estado institucional perpetrado por todos aquellos políticos que hoy se hallan condenados y en prisión por haber pensado equivocadamente y en falso que su voluntad era la voluntad de un pueblo.  Tal vez entonces se indicara un camino por el cual la ciudadanía puede descubrir el secreto de ejercer su soberanía por encima por supuesto de aquellas personas sobre las que se ha depositado la responsabilidad de conducir al país por la senda de la convivencia y el progreso.

En éstos momentos de incertidumbre se puede advertir la proliferación o amplificación de aquellas voces que denuncian y ahora afortunadamente publican y dan luz acerca de los problemas acuciantes de nuestra sociedad.

El Foro España con sus más que notables Premios a los Valores, el Congreso de Sociedad Civil Ahora con su despliegue de participación, la onda expansiva que se propaga sin pausa de la España que Reúne, la aparición de un movimiento de impacto mediático como Unión 78, todas ellas encabezadas por personas de reconocido prestigio social de nuestro país, así como la ya larga e incansable actividad de fundaciones como Villacisneros, Valores y sociedad, Transición española, San Pablo CEU, Rafael del Pino, Cataluña Suma y tantas otras a las que no acertaría a nombrar en su totalidad, están de forma inequívoca y contundente multiplicando su actividad y sobre todo su presencia en la atmósfera social, empujando incluso a los medios de comunicación, muchas veces reacios, a proyectar el eco que merecen todas esas alertas y luces rojas parpadeantes en el país.

No me puedo permitir olvidar aquellos movimientos sociales reivindicativos que levantan la voz reclamando justicia para la supervivencia al margen de los adulterados sindicatos, como son los productores y agricultores del sector primario, exprimidos en los precios de origen de sus productos a mayor gloria de los intermediarios y comisionistas. Colectivos de pensionistas que ven aumentar sus pensiones en grado tendente a cero mientras proliferan vehículos y personal oficial de cristales tintados y absurdos Ministerios para dar satisfacción tan solo a compromisos de gobierno o exiguas estabilidades;  o personal sanitario desbordado por listas de espera en una seguridad social lenta y frágil, o finalmente personal docente mal pagado y menospreciado cuando debiera ser el sector más protegido pues ellos y ellas tienen la llave del futuro de nuestros hijos, es decir, de nuestro futuro.

El clima social que todo ello está propiciando debemos considerar que es muy positivo para la ciudadanía pues cada vez se alzan más voces en amplios sectores sociales que deben sumar esfuerzos en unos objetivos básicos comunes y coordinados.   En ese escenario debemos estar todos aquellos que defendemos España como país de todos preservando los valores universales de una sociedad que persigue el Estado de la Justicia más que el Estado del Bienestar pues sumando se puede hacer que tiemblen los cimientos y efímera estructura portante de las instituciones políticas y de gobierno.

La historia nos ha ofrecido ya un conjunto de experiencias que como un barómetro se encargan de tomar el pulso del estado de ánimo y grado de satisfacción de la gente ante el rumbo y velocidad que están imprimiendo a nuestra nave aquellas personas a las que democráticamente hemos encomendado tamaña responsabilidad.

Y creo que políticos y gobernantes deberían tomar buena nota instalando en sus tupidas agendas todas las alarmas posibles porque cuando el grado de ebullición social es ya sonoro y visible, las consecuencias pueden ser imprevisibles incluso para ellos, que creyendo que dominan la máquina y los medios se pueden encontrar con un fallo en el sistema que les deje a oscuras, inoperativos y por tanto inútiles. Además como los medios son tan cobardes como el dinero huirán hacia zonas de confort desde donde ejercer su cometido que es el dominio de la información cuya clientela, no lo olvidemos, sigue siendo de nuevo esa sociedad civil y esos colectivos a los que con toda modestia he ido aludiendo.

¡Ay!.  Cómo me acuerdo del cuento del lobo que me explicaba mi abuelo.

Mariano Gomá.

Presidente de Foro España.

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