ABSTENERSE

ABSTENERSE.

Finalizaba el año 1975 cuando después de una cruel y forzada agonía liberaba su alma y la nuestra el dictador Francisco Franco dejándonos en una tensa incertidumbre en espera de la reacción del entonces Príncipe Juan Carlos al que hasta ese momento habían movido los hilos del guiñol.  El cielo despejó y el viento sopló limpio los siguientes tres años hasta que en 1978, el ya Rey Juan Carlos I, junto a Adolfo Suárez, Torcuato Fernández Miranda y unos hombres buenos, generosos y brillantes ofrecieron a España una escrita Democracia Constitucional aprobada por prácticamente la unanimidad del pueblo español.

Me permito aquí abrir un paréntesis para pedir el silencio y abstención de criterio alguno a todos aquellos ciudadanos que entonces tenían menos de diez años y por tanto son desconocedores del escenario político y social del momento, o por simplemente no haber nacido.

Bajo la batuta de los mencionados protagonistas avanzó el concierto español en el mundo con las cuerdas conservadoras y los vientos socialistas en sus diversos movimientos, llevándonos a la OTAN, a la UE y a la adquisición de prestigio en el concierto internacional.

Nuestro Rey Juan Carlos I, nuestra diplomacia  en el mundo y la empatía con la que un Presidente de Gobierno Felipe González obtuvo con los dirigentes europeos y de los bloques de poder, obtuvieron un éxito sin precedentes en la crítica unánime de una obra maestra del milagro español.

Ruego de nuevo silencio y abstención en todas aquellas personas no nacidas antes de 1981 cuando el Rey Juan Carlos I abortó un golpe de estado militar contra las instituciones democráticas poniéndose al frente y dando confianza y seguridad al país.

De nuevo un ciudadano llamado Juan Antonio Samaranch, Presidente del COI arropado por el Rey Juan Carlos I y con las excelentes maneras de Barcelona y su Alcalde Pasqual Maragall hicieron posibles los Juegos Olímpicos de 1992 y además el prestigio del gobierno para la Expo Universal de Sevilla

Así las cosas el país fue avante, Europa , el Euro, UNESCO y el Patrimonio Mundial, el progreso, el turismo, el clima y la gastronomía, cruzaron la frontera del milenio abordando nuestro actual siglo con esperanza, desarrollo y paz entre nosotros y ante el mundo.

Y entre tanto quién no recuerda el discurso del Rey Juan Carlos I ante la ONU seduciendo a innumerables países del mundo para invertir en España, para contratar nuestras empresas o fomentar la hegemonía de multinacionales españolas en energía y comunicaciones.  Recordemos también el famoso Porqué no te callas con el que cerró la boca del bocazas más notable de Suramérica, que por supuesto no volvió a levantar cabeza y asombró al mundo por el golpe de autoridad.

Absténganse de nuevo quiénes no conocen o recuerdan todo ello.

Y ahora bajo el intachable reinado del Rey Felipe VI, los voceras que no sé porqué no se callan, pretenden con sus gritos y su recién estrenada y heredada cesta de la compra en el estado del bienestar, destruir todo aquello que con gran esfuerzo hemos construido los que sí nos acordamos, y muy bien, de todo lo que pasó.  Organizaciones sectarias que no han dado jamás un palo al agua, que viven de nuestro trabajo y sudor, que usan de la tecnología, las comunicaciones y los servicios de un país avanzado, pretenden desmontar nuestra historia reciente. Maleducados, encapuchados y cobardes que solo saben de cortar carreteras, incendiar ciudades, blandir palos o bates, tirar piedras a los cuerpos de seguridad, o enseñar el culo.

Todo personaje protagonista de la historia tiene sus luces y sus sombras, sus aciertos y errores, sus partidarios y detractores, y por mucho que algunos pretendan borrar sus huellas de la historia fracasarán porque precisamente la historia y en concreto la historia de España estará siempre muy por encima de ellos.

Ahora bien, no debemos confundir los personajes históricos con simples aprovechados como el clan familiar de ladrones en Cataluña, los corruptos de todo pelaje, los malversadores de fondos públicos, los tramposos o los que hacen virtud de la vagancia, porque a toda esa gente la historia les pasará por encima sin ningún miramiento y de ellos o de su recuerdo no quedará nada. Esa es la diferencia.

Y esto no es más que el final de un mensaje para todas aquellas personas que por su juventud no tienen idea o no les interesa lo que pasó, o no lo recuerdan porque para aquel entonces se encontraban en los blancos y mullidos encajes de una cuna cuyos cuidados sanitarios se habían ganado a pulso sus padres y abuelos.

Cuando no se sabe algo o no se quiere saber, en lugar de encapucharse, disfrazarse, lanzar adoquines, ocupar las calles, rodear parlamentos o enseñar las tetas, antes de que la vida les enseñe la realidad, créanme, lo mejor es abstenerse.

Mariano Gomá.

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